Rivelino, ¿arte o relaciones públicas?

Como sus Raíces que trepan por los muros y estructuras de edificios emblemáticos del Centro Histórico de la ciudad de México, Rivelino ha sabido abrirse camino entre las instituciones de la cultura en México; secretarías de Estado, organismos desconcentrados, museos y centros culturales han apoyado sus proyectos de una manera inusitada:

En 2011, Relaciones Exteriores apoyó y pagó parte del montaje de Nuestros silencios en Europa (el propio Rivelino dice desconocer cuánto fue); también el año pasado la Secretaría de Economía inauguró su galería en la Condesa con una exposición suya. Y este 2012, los logotipos del gobierno de la ciudad, Conaculta, INAH, INBA, Secretaría de Cultura, Canal 22, UNAM, Centro Cultural Universitario Tlatelolco, Sistema de Transporte Colectivo Metro, Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, la Autoridad y el Fideicomiso del Centro Histórico, Museo Nacional de Arte y Monumento a la Revolución, aparecen en la publicidad de Raíces (publicidad puesta en el Metro con autorización de la dirección del GDF) a un lado de los logos de los patrocinadores privados.

Las instituciones argumentan que no destinaron un peso a Raíces. Rivelino dice que el proyecto tuvo un costo de 8 millones de pesos pagados por empresas privadas, coleccionistas y su estudio. Lo que sí han hecho las instituciones es promover, difundir, convocar a conferencias y acompañarlo en la inauguración (lo hizo Marcelo Ebrard), y de esa forma avalar su obra.

Nacido en San José de Gracia, Jalisco, José Rivelino Moreno Valle es autodidacta; en su curriculum aparece que en el DF estudió cerámica en el INBA. Sus piezas han estado en espacios públicos de varios países, pero nunca ha expuesto en un museo mexicano o del extranjero.

La calidad de Raíces es cuestionada por críticos y especialistas: “es pobre”, dice Ana Elena Mallet, y Avelina Lésper asegura que predomina “la mala factura”.

En Twitter se lee a Constanza Bolaños, que la describe como “la mejor forma de joder una plaza pública”. La red social es también espacio para opiniones favorables, como las del INBA: “Raíces de Rivelino remite a la concepción de la multiplicidad, la hetereogeneidad y lo diverso de la ciudad”.

En la calle hay opiniones divididas: al ver las raíces puestas en Corpus Christie, Ana dijo: “En el terreno de lo horrible, están mejor las de Acoxpa” (se refiere a las polémicas figuras de Enrique Walbey que fueron retiradas). En cambio, Nieves González, en Bellas Artes, dijo: “Me parece interesante nuestra raíz, volverla a profundizar, sacar de todo lo que antiguamente teníamos”.

Como un proyecto que lo único que hará será contaminar el gusto de la gente en la ciudad, describe a Raíces la curadora de arte Ana Elena Mallet.

Esta es una serie de piezas blancas en poliuretano y fibra de vidrio, en espacios públicos de museos y centros culturales. Parten del piso y ascienden por las estructuras en una metáfora que resume el sitio web de Rivelino así: “México es como una gran planta que nunca ha detenido su camino”.

Mallet cuestiona: “A partir de ver su obra tan apoyada por el gobierno Federal y el del DF parece que estamos ante otro caso de un artista apoyado o por mecenas empresarios o mecenas políticos. Tenemos muchísimos mejores artistas para representar a México antes que Rivelino. Ese despliegue de dinero, promoción y apoyo me revela un discurso escondido. Es muy peligroso para el público, la gente en México va poco a los museos y, de pronto se traga lo que el gobierno le da, ve estas propuestas y cree que eso es arte y que debe representar a México adentro y afuera”.

¿Nuestras raíces?

Como en la Estela de Luz, hay un discurso efectista, señala Mallet. “¿Qué tiene que ver con nuestras raíces? Esos discursos oficialistas y efectistas, con un nacionalismo trasnochado, que en lugar de la estética y la calidad plásticas apelan al sentimentalismo, son lo que un artista no debe hacer”.

Avelina Lésper, crítica de arte, comentó: “Dice Raushenberg que el material no puede equivocarse, el que se equivoca es el artista. Rivelino se equivocó con el material, la obra está mal terminada y mal realizada porque los materiales son un error, son burdos; no logran plasmar la simbología que pretende”.

Para Lésper, está más presente la mala factura, por lo tanto no puede llamarse una escultura: “No logra habitar el espacio ni hacer un parámetro de la geografía urbana, es una invasión del espacio, y de intervenciones e invasiones estamos los capitalinos hasta acá con ambulantaje, publicidad, obras de construcción de mil cosas”.

Otro cuestionamiento que hace Mallet es la pretensión de hacer un proyecto por tantos espacios de la ciudad “ sin trascendencia”.

“Hay un círculo de artistas que aparecen en las páginas de sociales, y quien no está enterado de los mercados internacionales, de los circuitos de los museos, concluye que deben ser importantes. Hay un circuito de señoras de las Lomas, de empresarios que están entre unos y otros apoyándose, pero, ¿cuál es la construcción de un artista más allá de las páginas de sociales?

Sergio Raúl Arroyo, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, uno de los espacios donde están las piezas, explicó: “Fue una propuesta colectiva que se hizo a varios centros, así lo entendimos. Era utilizar una pieza que tenía una conexión con varios referentes históricos de la ciudad. Recibí la propuesta primero por parte de la Autoridad del Centro Histórico, después la propia Universidad se involucró, pero no nos implicó ninguna inversión. Tendría que discutirse y verse su relevancia. Tiene un perfil también polémico por lo que implica; no es una pieza en lo que a arte conceptual se refiere que presente alguna novedad, pero tiene una relación con el espacio público que a mí sí me parece interesante”.

Oscar Román, en cuya galería exhibió hace unos años Rivelino, dijo sobre él: “Ha ido depurando y superando su parte creativa. Eso es muy válido en todos los autores. A los que cuestionan sería importante decirles que se está atreviendo a hacer cosas. Ahí radica mucho el valor y el talento de lo que él esta haciendo. Raíces podrá gustarle a cierto público, y no a otros. Pero él tiene esta parte de arriesgarse y hacer que el público se cuestione. No viene de un nombre famoso o una familia pudiente, es un artista que viene del pueblo. Se ha relacionado con las gentes correctas para poder hacer estos proyectos. Es muy fácil criticar en México, y cuando la gente empieza a tener, siempre tratamos de minimizar. No ha expuesto en un gran museo, pero ¿cuántos han tenido oportunidad de estar en la primera página de los diarios?”.

Defiende su trabajo

Desde Davos, Suiza, donde se encontraba para dar una conferencia sobre arte y patrocinios, Rivelino defendió su proyecto como una iniciativa que involucra al sector privado porque es el único que podría pagar algo así.

Aseguró que las instituciones oficiales no financiaron las obras (sólo en parte, en 2011, la SRE destinó recursos al montaje de algunas muestras en Europa) y argumentó que el mérito del proyecto es que el público no tiene que pagar por verlo. Sobre si su trabajo es nacionalista, comentó: “No, tiene un carácter de relación con hechos históricos, políticos y sociales que me dejaron alguna huella”.

“Ha ido depurando y superando su parte creativa. Eso es muy válido en todos los autores. A los que cuestionan sería importante decirles que se está atreviendo a hacer cosas”
Oscar Román, galero.

Fuente: El informador.
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